Hace 89 años nacía en Chascomús el Club Alumni

Por José Eduardo Bonavita El 4 de agosto de 1931, tras una prolongada asamblea en la que hasta el nombre que llevaría el nuevo club estuvo en el debate (el de Abanderado Domingo Lastra estuvo en la conversación) y una reunión para distribuir los cargos, nacía Alumni, siendo la que sigue la primera Comisión: Presidente Carlos Gómez, Titulares, Nicolás Lasalvia, Pedro Roldán, Antonio Villarreal, Carlos Arístegui, Pedro Guazzone, Julio Zuloaga, Oscar y Néstor Lahitte, Vilgré Montenegro, Marcelo Robledo, Servando Méndez. Suplentes, Héctor H. Longo, Néstor Placenave, Cosme Castaños e Israel Páez. He ahí, en consecuencia, los primeros alumnistas, el 4 de agosto de 1931, hace hoy ochenta y nueve años... PODRÍAMOS DECIR… .... Pude haber dicho que fruto de la fusión de los clubes Argentino y Jockey Club, que tuvieran delegados en la reunión constitutiva de la Liga Chascomunense de Futbol, nació el 4 de agosto de 1931 Alumni, que conservaría su denominación tras fusionarse con 24 de Febrero. Y rendir un sentido homenaje a los fundadores que hemos rescatado de un pergamino con que se lo rindieran los alumnistas de 1957. Y así lo hago… … Pude recrear los escenarios que fueron fragua en la que se templó el fervor tricolor. Y hablar de la sede del Argentino en la calle Crámer, o del Bar que antes fuera El Paradero y luego el Ideal al calor del cual creciera el Jockey Club, que más adelante palpitara en la calle Buenos Aires, casi Arenales. O el piso de madera de los altos de La Fraternidad en la que asociaran voluntades para parir Alumni. O el salón de Alvear y Remedios de Escalada, entonces Cuba. O los altos del viejo Teatro. O la casa vieja que se renovaría en la calle Mazzini. Y hablar de empedrados lustrosos de años y testimonios amarilleando de tiempo. Y lo recuerdo… PERO HAY RECUERDOS… … Pero abundan los recuerdos de memoria propia y otras memorias, que alguna vez eslaboné para un mensaje que me invitaron a dar en la cena del 70 aniversario, en agosto del 2001 y que hoy reitero… Decía que cuando un día cualquiera, tal vez y generalmente a la hora del crepúsculo, un hombre decide mirar la vida por la ventana, seguro que no importa la dirección de su mirada hacia afuera, sino que valen los senderos que recorre, con los ojos del alma y hacia adentro. Algunos llaman melancólica a esa ceremonia en la que cualquiera de nosotros bucea dentro de uno mismo para ir eslabonando recuerdos, vivencias, sinsabores, alegrías, dolores y hasta los sueños de otros días, sin rigor temático, ni explicación racional, ni orden cronológico. ACASO SEA LA NOSTALGIA … Otros dirán que es nostálgico el paseo por la vida deteniéndose en otros días de uno mismo. Y tal vez así sea. Nostálgico y melancólico, no bien uno compruebe que aunque el mundo siempre hubiera sido igual, era distinto a los ojos de un pibe, era distinto ante la mirada de un muchacho. Mucho más aún, es distinto a los ojos cansados de quien supone que ya ha pasado por lo menos media vida - decía entonces, más que eso diría ahora - y contaba que el otro día me puse a pensar en eso. Instigado por el fervor de Pepe Roldán – que imagino además enriquecido como una suerte de tributo al fervor de Perico – y la tesonera reincidencia de Marcelo Chappa en el esfuerzo destinado a que aquellos y otros fervores no se duerman, entré a recorrer días viejos de esos que no se borran y ocupan para siempre el territorio de mi tiempo… PORQUE SOY DE ALUMNI… … Y por algo será – pensé – que en cada caso han quedado grabados como imágenes imborrables, siempre vivas. Claro que no habré de mentir diciendo que en la búsqueda me topé con sólo un recuerdo. Iré en cambio al grano, con una imagen que perdura hasta hoy, que me acompaña desde un día que ya no sé cual era, en 1957, y la que siempre vuelve, una y otra vez, cuando me pregunto porqué soy de Alumni. Y confieso que aunque no sepa el porqué, si estoy seguro que desde entonces lo era… La cancha de Deportivo, un partido con El Algarrobo, la necesidad de un resultado para gritar por primera vez campeón, y un esfuerzo singular para lograrlo aunque en los papeles el rival parecía sencillo. Esa cancha de Deportivo con vestuarios de chapa, un paredón que servía de asiento a los colados, sin tribunas y aquel grito que se colaba entre el tejido y parecía quedar colgado en los alambres: ¡¡Arriba los Corazones de Alumni!!... DE ESE Y OTROS FERVORES Papá, que estuvo en la comisión de Alumni en los cuarenta, me contó que era Carlitos Arístegui. Con los años conocí a su hijo. Años después conocí a su nieto. Y más allá del trato circunstancial y no permanente que tuve con aquel y con éste, siempre los sentí ¡¿cómo decirlo?! cercanos en el afecto. Como destinatarios permanentes de mi gratitud por aquel grito del alma. O el consciente homenaje al viejo Carlitos desde la memoria. Y el Café de Chappa – donde me recuerdo festejando aquel día antes de hacerlo en la sede de la calle Mazzini – e imagino ahora las felicidades de entonces de quienes habían esperado veinticinco años para protagonizar un festejo, y el privilegio de poder hacerlo con sólo siete años de vida. Se me aparecen Néstor en el mostrador y mi tío y padrino, Coco, morador cotidiano de aquel último reducto de la bohemia pueblerina. Y de Alumni. Como Capicúa y el Inglés. Me pasa con ellos como con los Arístegui. Hasta cuando me corto el pelo con Miguel, más allá de su suerte de arquero, o cuando recibo el diario de manos de Andrés o Sebastián y me preguntan como jugaba Coco. O con Marcelo. UNA PAUSA, OTRA VUELTA… Hago un alto en el camino. Pasan los años en el carrusel imaginario que construyo de memoria y de tanto en cuando saco la sortija de otro triunfo o agacho la cabeza ante la suerte esquiva. Me cruzo en el paseo con Juan Gauna, me acuerdo de Polo o se me hincha el pecho pensando en el Colorado jugando entre los grandes. Se van borrando nombres del cincuenta y siete, aun que creo que ya no olvidaré más a Chelotti, a Chiezza, a Leguizamón. Me bajo en la estación que viene. Quedan en el andén de los recuerdos los Passerini, De la Canal, Etchenique, Juan y Polo, los primeros escarceos en primera de Cacho Arocena, o Mendoza y Coco. O Corral, de cuyos quilates tomo nota en crónicas apergaminadas de tiempo. Cómo de Néstor González. VEINTE AÑOS DESPUÉS… Ya soy grande y padre. El mayor de mis hijos tiene apenas dos años. Algo parece decir que el 77 será de Alumni. Y vaya si habría de serlo. Hay victorias y empates, pocos goles pero ninguna derrota. De la mano de Morrongo Bilbao, Alumni es campeón invicto. Con Flavio y Marcelo Giacobone, Gustavo Haedo, el flaco Marchessi. Cepillo Faga, Guillemet... Con Giribaldi de utilero, con un botiquín con menos vendas que recuerdos... Y tuve la fortuna de ver todos los partidos, la mayoría con mi hijo al lado. Si algo hubiera querido tener entonces, es la voz del tiempo, para dejar estampado el grito en su memoria: ¡¡Arriba los Corazones de Alumni!!... IDAS Y VUELTAS, ALTAS Y BAJAS En medio de ello, en la vida misma, la sucesión de altas y bajas de la vida institucional del club del que soy hincha. Y los esfuerzos que en cada instancia he visto hacer a tantos que lo quieren bien, ya para sacarlo del letargo, ya para conservarlo en su vigencia. Y las convocatorias que proviniendo de ellos hicieron sentir en lo más profundo de uno, la condición alumnista. Poder agradecer, por eso, haber tenido la suerte de ser su Presidente… Otra vez Pepe, otra vez Juan y el Negro Otero. O Guillermo Martínez… O Marcelo, u Orlando de Castro, O César Bordachar, Don Pedro De la Canal o, de nuevo, Federico Giribaldi ... Después vendrán otros campeonatos y hasta la clasificación para el Torneo del interior... Y mientras tanto ¡¡ Arriba los corazones de Alumni!! … Porque siempre, los sentimientos pueden más … Aunque en realidad para los que todavía lo recuerden, hubiera bastado con la mano en el pecho, puestos de pié, haber dado rienda suelta a la voz que viene de adentro para decir ¡¡ Arriba los corazones de Alumni!!... Y para los más nuevos, si llegaron hasta aquí, saber un poco más de Alumni, de conocer de otros días…